Cerebro adolescente

¿Es inevitable la crisis de la adolescencia?

¿Por qué no afecta por igual a chicos y chicas?

¿Qué es genético y universal?

¿Qué es cultural y educacional en las conductas de riesgo de algunos adolescentes?

Las neurociencias pueden dar hoy respuesta rigorosas a ésas y a otras cuestiones.

Cerebro adolescenteLa adolescencia se caracteriza por el crecimiento físico y psicológico de la persona, es la fase del desarrollo humano entre la infancia y la edad adulta.

Para comprender mejor cómo y por qué se producen esos cambios, analicemos el proceso de maduración cerebral. Desde que somos concebidos, los órganos de nuestro se forman armónicamente y maduran poco a poco.

El cerebro sigue desarrollándose de forma gradual durante la infancia y madura en la adolescencia, por áreas, siguiendo un proceso ordenado, que comienza en la nuca y avanza hacia la frente. El patrón de formación y maduración de las diversas áreas depende del sexo, ya que todas las células del cerebro o llevan el par de cromosomas XX o el par XY. El tamaño de diversas áreas es ya diferente en el tiempo de la gestación.

En los primeros años de la juventud esta onda de maduración alcanza las áreas frontales que controlan y aúnan lo afectivo y lo cognitivo. Al comienzo, el cerebro está formado sólo por materia gris. La maduración consiste en el proceso de convertir materia gris en materia blanca. La materia gris está formada por las neuronas que desarrollan sus conexiones produciendo múltiples ramificaciones-dendritas y axones en busca de otras con las que conectar para conducir y procesar la información.

El cerebro alcanza su máximo tamaño al final de la infancia. Después permanece constante, pero cambia su estructura.

La adolescencia es un momento crucial para la maduración de la personalidad ya que el cerebro se reordena, unas áreas crecen, otras se reducen mediante una especie de poda de las ramificaciones que elimina lo superfluo y otras se reorganizan.

Se modelan las conexiones entre neuronas en las llamadas sinapsis. Al mismo tiempo se van protegiendo los axones con una funda de mielina para mejorar la conducción de la información.

Poco a poco estas terminaciones se van uniendo a otras formando fibras y fascículos. De esta forma, aproximadamente de los ocho a los dieciocho años la sustancia gris se va convirtiendo en sustancia blanca, como una onda que alcanza en distintos momentos las diferentes áreas del cerebro. Al mismo tiempo que ocurre este proceso, se perfeccionan las facultades cognitivas, la capacidad de estudio, lectura, memoria, etc.

Se ha llegado a establecer un patrón universal del desarrollo arquitectónico y funcional del cerebro en función de la edad cronológica. Los lóbulos parietales encargados de la coordinación del movimiento maduran primero. Después maduran las áreas que procesan los estímulos sensoriales. El desarrollo continua en áreas de los lóbulos frontal y temporal encargadas de procesos cognitivos y emocionales. Y finalmente la onda de maduración alcanza la corteza prefrontal implicada en el control de los impulsos, el juicio y la toma de decisiones.

Este patrón universal muestra las diferencias naturales en la maduración del cerebro de las chicas y los chicos. Lo que se debe a que las hormonas de la pubertad se producen a edades diferentes y de forma distinta: cíclica en las chicas y continua en los chicos. En las chicas maduran más rápidamente las regiones de la corteza frontal que procesan el lenguaje, el control del riesgo, la agresividad y la impulsividad. En los chicos las regiones del lóbulo inferior parietal, cruciales para las tareas espaciales.

También difieren el hipocampo y la amígdala cerebral de ambos, contribuyendo a las diferencias de desarrollo cognitivo y social durante la adolescencia.

El cerebro de los primates madura de la nuca hacia su minúscula frente, de forma que los cambios de la organización arquitectónica de la corteza cerebral se traducen únicamente en una mayor y mejor conexión entre neuronas, pero los animales no tienen crisis de adolescencia.

Sólo los seres humanos están permanentemente abiertos a las influencias de la educación, la relación con los demás y sus propias decisiones. Toda experiencia humana deja huella y produce cambios persistentes en los patrones de las conexiones neuronales del cerebro, especificas y propias de cada uno según la historia de su vida.

El cerebro adolescente es inestable por los rápidos cambios que permiten el paso del cerebro infantil al cerebro joven. En esta etapa se produce la transición desde la dependencia del núcleo familiar a la independencia a través de las relaciones interpersonales y sociales. La maduración conlleva cambios emocionales, mentales, psicológicos y sociales, influidos por las hormonas sexuales, cuya concentración se incrementa dramáticamente con la pubertad. Aumenta el interés por la actividad sexual, se experimentan cambios en la motivación, los impulsos y las emociones.

En definitiva, se altera el mundo afectivo personal en una etapa en que los sistemas que integran las emociones en las decisiones racionales, aún está madurando.

Por otra parte, se establecen los circuitos que permiten la memoria autobiográfica, imprescindible para la formación de la propia identidad. Se despierta en los adolescentes el querer saber quién soy y cómo soy.

Cerebro adolescente2En general, en ellas su cerebro se hace muy sensible a los matices emocionales de aprobación, aceptación o rechazo. Su prioridad se centra en relacionarse socialmente, agradar y gustar. El estrés se dispara ante los conflictos en las relaciones con los demás o ante un peligro. Con las conversaciones con las que comparten su intimidad relajan el estrés, gracias a que los estrógenos activan la liberación de dopamina (hormona de la felicidad) y de oxitocina (hormona de la confianza) que a su vez alimenta ese impulso en busca de intimidad.

Por su parte, en general, en ellos la elevación de la testosterona les hace casi literalmente querer desaparecer del mapa social. Reduce su interés por el trato social, excepto en lo que se refiere al deporte y al sexo. La vasopresina (hormona de las energías masculinas) les permite gozar con la competitividad y desear mantener su independencia. Necesitan ocupar su puesto en la jerarquía masculina. En ellos es más acusada la temeridad, tan característica en esta edad porque conceden más expectativas a los beneficios que a los riesgos. La onda de maduración puede seguir su dirección y ritmo natural o cambiar al recibir el impacto de las experiencias con diferentes personas, situaciones y conductas. El establecimiento y la regulación de los circuitos se modela precisamente con la educación y la propia conducta.

Todo contribuye al modo en que cada uno edifica su cerebro.

Los cambios naturales no son la causa de la crisis emocional y de conducta de algunos adolescentes. Esa crisis, cuando se da, es el resultado de influencias sociales y de propias experiencias y actitudes de cada uno sobre un cerebro naturalmente vulnerable.

Aunque no de una forma tan acusada, el cerebro permanece expuesto a cambios toda la vida, dependiendo de las experiencias, decisiones, convicciones y valores que vayamos asumiendo. Siempre tenemos la posibilidad de desarrollar hábitos y también rehacer los circuitos distorsionados a lo largo del tiempo con nuestros actos.

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