La gastroenteritis

Las gastroenteritis son enfermedades digestivas, consistentes en un cuadro que suele iniciarse con nauseas, vómitos y posteriormente diarreas

En ocasiones pueden cursar con fiebre, con dolor abdominal  y con afectación del estado general.

Entre sus múltiples causas, destacan fundamentalmente dos:

 

  • Las de origen alimentario, por ingesta de alimentos en mal estado o caducados o mal cocinados.
  • Las de origen infeccioso, mucho más frecuentes que las primeras, dentro de estas destacan los virus como causa fundamental de gastroenteritis.

El principal mecanismo de contagio, es a través de las manos, aquella persona que está sufriendo una gastroenteritis, si no tiene un especial cuidado en un lavado frecuente de las manos, con el contacto con otras personas podrá contagiársela.

Es por esto muy importante, tener una especial atención a la higiene de las manos y de la boca de aquellas personas que están sufriendo una gastroenteritis.

La duración del cuadro puede ser muy variable, oscilando normalmente entre unas veinticuatro, setenta y dos horas, hasta su completa resolución.

En fases iniciales, el tratamiento debe consistir únicamente en medidas dietéticas.

Debe asegurarse una adecuada hidratación con agua, zumos naturales, te, manzanilla, cualquier liquido que toleremos por vía oral.

Si no se tiene hambre, es importante no forzarse a comer, aparecerá más tarde la necesidad de una ingesta solida, mientras vallamos controlando con líquidos la correcta hidratación, estaremos haciendo lo correcto.

Si aparecieran vómitos al intentar beber líquidos, conviene esperar un margen de una o dos horas, antes de volver a intentarlo.

En la medida que sintamos ganas de ingerir alimentos sólidos, debemos empezar con una dieta muy suave, en pequeñas cantidades repartidas a lo largo del día.

Podemos comenzar con arroz, agua de arroz, puré de patata, de zanahoria, plátano, manzana, pero siempre en pequeñas cantidades.

En la medida que nuestro organismo, valla tolerándolas y asimilándolas, podremos ir aumentando la ingesta e ir variando un poquito la dieta.

Aunque los síntomas hayan cedido, conviene esperar dos o tres días, antes de instaurar nuevamente una dieta normal.

En estas fases conviene evitar siempre, la utilización de grasas, salsas, picantes o cualquier otro alimento que pueda irritarnos el tubo digestivo.

En caso de que el proceso no se resuelva en el plazo de tres o cuatro días o bien compruebe que no tolera la ingesta ni de líquidos ni de sólidos, produciéndole vómitos o bien la fiebre es persistente o en las heces apareciera sangre, moco, pus, o cualquier otra sustancia no habitual, deberá acudir a su médico para que le valore.

Fuente: Doctor José Javier Varo, Especialista en Medicina de Familia de la Clínica Universidad de Navarra

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