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Adolescencia : Primera visita al ginecólogo

Durante la adolescencia es habitual la falta de percepción de riesgo y una cierta inseguridad ante el propio proceso de desarrollo psicosexual y puberal.

Es importante que en la primera exploración ginecológica se cree un vínculo de confianza con el profesional sanitario, evitando exploraciones innecesarias e informando sobre cambios de la normalidad, anticoncepción y prevención.

Las consultas por alteraciones del ciclo menstrual, por exceso o por defecto, son frecuentes en la 2-3 primeros años post-menarquia y son de causa funcional en la mayoría de casos. El dolor durante la menstruación también es un motivo de consulta frecuente y, si interfiere negativamente en la vida cotidiana, debe ser tratado.

La adolescencia es un periodo de transición a nivel somático, cognitivo y social.

Por ello, la primera visita al ginecólogo puede ser una experiencia educativa y gratificante o, por el contrario, resultar traumática y condicionar una actitud negativa frente a la continuidad de las revisiones ginecológicas.

Las adolescentes están, en general, sanas, pero suelen tener una baja percepción del riesgo, por lo que son blanco fácil de accidentes, embarazos no deseados e infecciones de transmisión sexual (ITS).

Los objetivos principales de la exploración en ginecología en la adolescencia son:  

** Confirmar o descartar la normalidad del aparato genital

** Diagnosticar la existencia de patología

** Y, si fuese necesario, tomar muestras y/o indicar exploraciones complementarias.

También es importante aprovechar la ocasión para establecer estrategias preventivas e inculcar responsabilidad a la adolescente respecto a su sexualidad.

La esfera sexual de una persona, es la parte más íntima. Por ello, la adolescente necesita confidencialidad, complicidad y respeto por parte del médico. Se deben evitar las actitudes paternalistas tanto como las de excesiva familiaridad y los juicios de valor.

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Para tratar adolescentes es imprescindible tener, además de los conocimientos científicos adecuados, capacidad de empatía.

La primera vez que una adolescente ha de ser someterse a una primera exploración ginecológica, suele ir con cierto miedo, mezcla de desinformación y de temor a lo desconocido, y por tanto, el médico debe ganarse su tranquilidad y confianza.

Es recomendable realizar siempre la exploración mínima que nos permita obtener la mayor información posible y siempre que no haya una urgencia inmediata, se puede posponer la exploración.

Se debe ser cuidadoso y explicar previamente los distintos momentos de la exploración, destacando que no tiene porque ser una exploración dolorosa (si acaso algo molesta o poco agradable por enseñar algunas partes del cuerpo a una persona desconocida).

Es preferible que el profesional sanitario sea de sexo femenino. Si no lo es, debe haber también en la consulta alguna mujer. Es de gran ayuda, en ambos casos, la presencia de una enfermera o auxiliar que explique a la paciente qué es lo que debe hacer.

Al finalizar la exploración hay que comentar (si es el caso) que todo es normal, con el fin de tranquilizar a la paciente.

En el momento reservado para hablar con la adolescente a solas, hay que aprovechar para que exprese alguna preocupación que no quiera comentar delante de su acompañante. Ese es el momento de preguntar si mantiene relaciones sexuales, si usa preservativo, si ha sufrido alguna situación de abuso y ofrecerle la posibilidad de consultar, nuevamente, si presenta algún problema relacionado con su salud sexual y reproductiva.

La técnica de exploración genital dependerá de si la joven ha tenido o no relaciones sexuales coitales.

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En caso negativo, nos basaremos principalmente en la inspección, y si es necesaria la exploración intravaginal se utilizarán espéculos pediátricos o virginales (solamente si el himen permite su paso y escogiendo la medida del espéculo en función de la amplitud del orificio himeneal).

La ecografía ginecológica es de gran ayuda en la adolescencia, ya que nos ofrece una información importantísima con una prueba no agresiva. Según los hallazgos de la ecografía ginecológica podemos determinar si una joven ha iniciado o no su pubertad.

La ecografía mamaria es una prueba no agresiva. Se puede utilizar para ampliar el estudio la punción citológica mamaria ecoguiada, o el estudio citológico o cultivo de las secreciones.

Es conveniente aprovechar la revisión ginecológica para practicar una analítica, incluyendo siempre el hemograma con ferrocinética para detectar ferropenia, bioquímica general y determinaciones hormonales en función de cada caso.

Se utilizará la radiografía de mano y muñeca izquierda para determinar la maduración esquelética con respecto a la edad cronológica (edad ósea).

Las alteraciones del ciclo menstrual afectan a un elevado número de adolescentes (75%) debido a la gran frecuencia de ciclos anovulatorios en los dos o tres años posteriores a la menarquia, cuya media en España es de 12,6 años. En la mayoría de los casos son debidas a trastornos funcionales y no suelen tener consecuencias a largo plazo.

Un ciclo menstrual normal nos confirma (en la mayoría de los casos) la normalidad de una joven en el aspecto físico sexual, y nos permite descartar toda una serie de condiciones de salud que podrían afectarla en su futura salud sexual y reproductiva.